Nos hicieron creer que cada uno de nosotros

Todos conocemos la historia de la media naranja, de la persona que necesitamos para poder completar nuestras vidas, para que nuestro mundo termine de cobrar sentido. Imaginamos que sólo existe una persona en el universo que pueda hacernos sentir así, la buscamos incansablemente, nos cuestionamos si habremos encontrado ya o no. ¿Será él?, ¿Será ella?. Cuando creemos que al fin esa persona se ha cruzado en nuestro camino, no queremos dejarla escapar por nada del mundo, no concebimos nuestras vidas sin esa pieza clave que le da significado a todo lo demás.

Los orígenes del mito de la media naranja se remontan Aristófanes, cuyas enseñanzas recoge Platón en su obra El Banquete. Según cuenta, en un principio, la raza humana era prácticamente perfecta, con una forma esférica como una naranja, una cabeza con dos caras opuestas, cuatro brazos y cuatro piernas, y dos órganos reproductivos. Había tres clases de esta especie: uno compuesto de hombre-hombre, otro de mujer-mujer, y un tercero hombre-mujer, también llamado andrógino.

Según cuenta la leyenda, estos seres llegaron a compararse con los mismísimos dioses y trataron de invadir el Monte Olimpo. Ante semejante osadía, Zeus les castigó lanzándoles un rayo que partió por la mitad a cada uno de ellos. Desde entonces, cada ser anduvo haciendo esfuerzos por encontrar a su otra mitad de la que fue separada para poder recuperar su plenitud y, cuando se encontraban al fin, se abrazaban y se unían con tal deseo que perecían de inanición por no querer hacer nada la una sin la otra.

Todo cambia cuando nos damos cuenta de que no podemos perder a la persona a la que verdaderamente necesitamos para estar completos, porque ésta comparte nuestra alma desde que nacemos hasta el fin de nuestros días. Nosotros mismos. A lo largo del camino encontraremos compañeros de viaje, almas afines que nos darán la mano y pasearán junto a nosotros, quizás durante un tramo, quizás hasta el final, pero de ellos no depende nuestra plenitud. Cuando asumimos la responsabilidad de nuestro propio bienestar, soltamos la necesidad de aferrarnos a los demás y les dejamos espacio y libertad para elegir quedarse a nuestro lado, o emprender una ruta distinta a la nuestra.

Como bien dice John Lennon: “ya nacemos enteros” y “nadie en la vida merece llevar a sus espaldas la responsabilidad de completar lo que nos falta”.

 

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