Nos hicieron creer que cada uno de nosotros

Todos conocemos la historia de la media naranja, de la persona que necesitamos para poder completar nuestras vidas, para que nuestro mundo termine de cobrar sentido. Imaginamos que sólo existe una persona en el universo que pueda hacernos sentir así, la buscamos incansablemente, nos cuestionamos si habremos encontrado ya o no. ¿Será él?, ¿Será ella?. Cuando creemos que al fin esa persona se ha cruzado en nuestro camino, no queremos dejarla escapar por nada del mundo, no concebimos nuestras vidas sin esa pieza clave que le da significado a todo lo demás.

Todo cambia cuando nos damos cuenta de que no podemos perder a la persona a la que verdaderamente necesitamos para estar completos, porque ésta comparte nuestra alma desde que nacemos hasta el fin de nuestros días. Nosotros mismos. A lo largo del camino encontraremos compañeros de viaje, almas afines que nos darán la mano y pasearán junto a nosotros, quizás durante un tramo, quizás hasta el final, pero de ellos no depende nuestra plenitud. Cuando asumimos la responsabilidad de nuestro propio bienestar, soltamos la necesidad de aferrrarnos a los demás y les dejamos espacio y libertad para elegir quedarse a nuestro lado, o emprender una ruta distinta a la nuestra.

Como bien dice John Lennon: “ya nacemos enteros” y “nadie en la vida merece llevar a sus espaldas la responsabilidad de completar lo que nos falta”.

 

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