140709-AcogidaNiños2-EV

Todos sabemos lo complicado que resulta educar a un niño y las dudas que nos asaltan a la hora de establecer ciertas normas de disciplina y aplicarlas. Somos conscientes de que es necesario poner una serie de límites y reglas de comportamiento, pero muchas veces fallamos en el cómo hacerlo. Las pautas de conducta ayudan a nuestros hijos a discernir entre lo que es aceptable y lo que no, a interiorizar la importancia del respeto y a sentirse seguros en un ambiente predecible y organizado.

Algunos consejos para establecer límites de manera eficaz:

  1. Sé concreto y objetivo

    • Establece normas específicas, con frases cortas y precisas que el niño comprenda fácilmente, y que no den lugar a confusión. No es lo mismo decirle “pórtate bien” o “sé educado” que “no hables cuando la profesora esté explicando la lección” o “come con la boca cerrada”. Las segundas son órdenes concretas que el niño entenderá mucho mejor que si le hablamos en general.
  2. Dale varias opciones

    • Dentro de una determinada pauta o norma, podemos dar a elegir entre dos opciones distintas, de manera que el niño sienta que tiene libertad de elección para escoger la que prefiera. Esta sensación de control ayudará a reducir su resistencia. Por ejemplo, a la hora del baño podemos preguntarle si prefiere ducharse o bañarse, o si pretendemos que coma verdura podemos darle a elegir entre una crema o una ensalada.
  3. Actúa con firmeza

    • Los límites deben establecerse de manera firme, con voz segura pero sin gritar. Firmeza no implica autoritarismo, pero sí seriedad. El niño debe entender que es importante que siga la norma.
  4. Enfatiza lo positivo

    • Es mucho mejor explicarle al niño lo que debe hacer antes que lo que no debe hacer, y reforzarle cuando lo haga correctamente. Por ejemplo, es preferible pedirle que hable bajito o que vaya más despacio antes que decirle que no grite o que no corra.
  5. Mantén cierta distancia

    • Al decir cosas como “quiero que hagas …” nos implicamos de manera personal y podemos generar cierta confrontación con nuestro hijos. Una alternativa es optar por fórmulas más impersonales como “Son las seis, hora de merendar” o “Son las siete, va siendo hora de terminar los deberes”
  6. Explícale el porqué

    • Cuando el niño comprende el sentido de la norma o pauta que pretendes que siga, es mucho más probable que desarrolle una actitud positiva hacia ella. Todos necesitamos comprender por qué debemos hacer o no hacer ciertas cosas, y con los niños pasa lo mismo. Además, el hecho de comprender por qué algunas actitudes o comportamientos son aceptables o no les ayudará a interiorizar los valores que subyacen a ello. Las explicaciones deben ser claras y sencillas. Por ejemplo, “no pegues a tus compañeros porque les harás daño y se sentirán mal”.
  7. Ofrécele una alternativa

    • Las alternativas hacen que las normas parezcan más positivas y aceptables. Por ejemplo “Las paredes no son para dibujar, pero aquí tienes hojas y rotuladores para que puedas hacerlo”
  8. Sé firme y consistente en el cumplimiento

    • La consistencia en la aplicación de las normas es fundamental para que su cumplimiento no genere tanta resistencia. Con las reglas que consideremos más importantes no debemos ofrecer mucha flexibilidad, ya que es más probable que el niño se oponga a cumplirlas. Por ejemplo, si la hora de acostarse son las 20:00, pero hay días que les dejamos hasta y media o hasta las 21:00, será más complicado que accedan a acostarse a las 20:00 cuando se lo pidamos. Con otro tipo de normas menos rutinarias podemos dar cierto margen, pero debemos llevar cuidado.
  9. Lo que es reprobable es la conducta, no el niño

    • Cuando el niño tenga un comportamiento inadecuado, debemos dejarle claro que lo que desaprobamos es la conducta que ha tenido, no a él. Nunca debemos decir que “es malo” sino que lo que ha hecho no es adecuado o está mal hecho. El niño no debe sentirse nunca rechazado como persona y debe saber que la conducta la puede modificar.
  10. Controla tus emociones

    • Es fácil perder el control cuando estamos muy enfadados y decir o hacer cosas de las que luego nos arrepentimos. Si sentimos que estamos a punto de perder los papeles es mejor intentar salir mentalmente de la situación, respirar y luego actuar cuando hayamos recuperado la calma.