Al fin y al cabo el vínculo de sangre no deja de tener una importancia relativa. Hay almas que nacen juntas, a la vez o no, y otras a las que les lleva más tiempo encontrarse. Lo que está claro es que el título de hermano es algo más que una imposición casual, es algo que hay que ganarse. Paradójicamente es algo que se gana sin esfuerzo, sin intención, desde lo más hondo del alma.

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